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Los Reinos Renacientes

Astaroth da Lúa

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Astaroth da Lúa
Escudo Astaroth SR pitufo.png
Nacimiento: 14-01-1436 (23 años) Fisterra, Reino de Galicia
Familia: Casa da Lúa
Astaroth da Lúa, Marqués de Gondomar y las Islas, es un noble y heraldo castellano-leonés.

Título completoEditar

Su Excelencia, Astaroth da Lúa, Marqués de Gondomar y las Islas, Barón de Donges, Señor de Valdecorneja y Par de Castilla y León, Maestro de Armas de Castilla y León, Archidiácono y Responsable de la Doctrina de la Diócesis de Segovia, Maestre de Armas de la Enxebre e Reial Orde de Fisterra, Vicarius Peninsulae Ibericae Societas Aristote.

Primeros añosEditar

Astaroth nació a primeros de 1436 en el pequeño Señorío de Fisterra, en el Reino de Galicia. Auspiciado por la debilidad del Rey Juan, el Conde de Ribadeo ejecutó una serie de maniobras para deshacerse de sus rivales políticos, entre los que se encontraban los Señores de Touriñán y Fisterra, padres de Astaroth. Xoel da Lúa, su padre, fue capturado y ejecutado, mientras que María Roseiras, su esposa, hubo de exiliarse con sus hijos y quienes decidieron acompañarla. No se sabe mucho a partir de este momento, pues no hay registro escrito, pero todo parece indicar que recalaron en el Señorío de Valdecorneja, al sur del Reino de León, donde aún hoy puede encontrarse una comunidad de emigrantes gallegos.

No se conoce apenas de la infancia de Astaroth, y las referencias de los años siguientes se limitan a vagas referencias de dificil acceso y a lo poco que el propio Marqués revela. Se le puede seguir un ténue rastro hasta la villa bretona de Morlaix donde, se dice, recibió el apodo que le acompaña aún hoy, el Armiño. De ahí, a Oriente Próximo, donde entró al servicio del Sultán de Damasco, vasallo del Gran Turco, a cuyas órdenes participó en la toma de Bizancio, siendo largamente recompensado, y entregándosele en matrimonio a una de las hijas ilegítimas del Sultán. Se desconoce por qué abadonó Damasco, aunque lo más probable, dada la coincidencia de fechas, es que se debiese a la caída de Raschid al Maalik, su protector.

Etapa aragonesaEditar

A finales de Febrero de 1456, Astaroth llegaba, desharrapado y sin una fortuna perdida a lo largo del Mediterraneo, a la villa aragonesa de Huesca. Asfixiado por la falta de recursos, decide establecerse en la villa oscense, en cuya sociedad no tarda en participar. En estos días, trabó amistad con Galadrie d'Anghiera, quién llegaría a ser Condesa de Luna, con Maximiliano Jubero, más conocido como Carausius, que sería Vizconde de Loarre, y Sherezade Dalgures, hecho que marcaría su porvenir. Comenzó, asimismo, una relación con Cyliam di Veneto, que se prolongaría por espacio de tres años con altibajos y que le darían cuatro hijos, de los que tres sobrevivirían.

Ascendió en la jerarquía policial, llegando al puesto de Sargento primero de la villa, y del Tercio Viejo, e´l Ejército Real aragonés, alcanzando el grado de Alférez. En estos días, Galadrie y Carausius abandonaron Huesca, formando una compañía mercenaria, los Landzknecht, que cruzaron los Pirineos en busca de fortuna en la vecina Francia. Poco después de su partida, se precipitaron los acontecimientos que llevaban gestándose en la Corona de Aragón, manifestados en las independencias catalana y aragonesa, y dando lugar a la primera Guerra Civil Aragonesa. En Aragón, la Diputación proclamó la independencia de la Corona, y los Tercios se movilizaron contra las fuerzas de esta. Astaroth, encuadrado en el ejército real, fue expulsado de la Policía aragonesa. Tras unas semanas de enfrentamientos, los Tercios lograron imponerse, en gran medida debido a la llegada de los regimientos catalanes, expulsados por las fuerzas de la Generalitat del Principat.

La Guerra Civil dió paso a una época de anarquía y división social en Aragón: los unionistas habían ganado en Aragón, pero Catalunya había logrado su independencia, y hostigaba a València que, impotente, no podía resistir los envites. Astaroth alcanzó, en estos días, el grado de Teniente de Policía, tras su readmisión en la misma, al que renunció a finales de 1456, debido a su ascenso a Coronel del Regimiento de Huesca del Tercio Viejo.

La última acción que protagonizó Astaroth en Aragón le llevó a su caida y a un forzado exilio. A principios de 1457, Anzo de Berasategui, Duque de Segorbe, le contactó con una idea: tomar la Corona de Aragón por las armas. Tan bello le pareció aquel proyecto a Astaroth que no dudó en poner la bandera de Huesca al servicio del Duque. Convenció a todos los oficiales y cortó la comunicación entre el Alto Mando y la soldadesca, para evitar errores. Sin embargo, finalmente el Duque no quiso tomar la Corona, y Astaroth se vio, de pronto, en una posición muy delicada. Dejando atrás prometida y dos hijas recien nacidas, hizo su equipaje y desapareció de Huesca, renunciando a su grado de Coronel y a su asiento como Procurador en Cortes, en representación de Huesca.

Etapa italianaEditar

Tras una serie de viajes relámpago,Astaroth recaló en la villa veneciana de Treviso, donde se reencontró con sus viejos amigos oscenses, tornados en mercenarios. Sin dudarlo, se unió a ellos, tomando el título de Cavaliere Landzknecht. Participó en la desastrosa incursión a Nápoles, donde fue herido de gravedad mientras realizaba una misión casi suicida para recuperar los cuerpos de sus compañeros capturados en combate por las fuerzas napolitanas. Convaleciente en los Abruzzos, tuvo que soportar el goteo de noticias sobre la suerte de aquellos de sus compañeros que habían conseguido atravesar la frontera y llegar a Terra di Lavoro, y los relatos, entre despectivos y respetuosos de los napolitanos sobre aquellos hispanos que se batían como diablos por cada palmo de terreno que cedían.

Tras el desastre napolitano, la larga vuelta a Treviso se vió interrumpida por el estallido de la Guerra Padana. Milán, provincia del Sacro Imperio, y Génova, secesionada del mismo la primavera anterior, habían pactado invadir y repartirse el débil Ducado de Módena. Su potencia militar hizo que ninguno de los vecinos del sur se plantease siquiera ayudar a los modenenses. Sin embargo, la ayuda sí llegó del Este, pues la Serenissima Repubblica di Venezia decidió entrar en liza y, con ella, los Landzknecht. La potencia militar del León de San Marcos hizo que, a pesar de los esfuerzos de los hábiles generales milaneses, Módena fuese prontamente liberada. Se planteó incluso la posibilidad de llevar la guerra a territorio genovés, pero el estancamiento de los combates entre la ciudad modenesa de Massa y la genovesa de La Spezia impidieron que el proyecto se llevase a cabo.

Fue en una de estas batallas cuando un error de cálculo hizo caer sobre Astaroth la fuerza de los ejércitos combinados de Génova, Módena y Venezia, y sólo el puro azar le salvó la vida. Fue, sin embargo, aquel día en el que nació un odio amargo entre el joven soldado y una noble jienense a la que apenas conocía entonces, Vladie de Balboa, Condesa de Bailén y, en aquel momento, sólo Señora de Baeza. Astaroth nunca olvidaría que fue la espada de la noble averroista la primera en hundirse en su carne aquella fatídica noche.

Al borde de la muerte, el joven fue trasladado a Massa, donde tuvo lugar una larga convalecencia. Para sorpresa de los galenos, sobrevivió. Y no sólo eso, sino que demostró pronto ser capaz e andar e, incluso, cabalgar, y no pasó mucho tiempo antes de que pidiese ejercitar con la espada. Cuando los Hospitaleros se volvieron excesivamente agobiantes para su gusto, se fugó del Hospital de Massa, emprendiendo sólo y a pie el camino de vuelta a Treviso, donde empaquetó sus escasas pertenencias y los quinientos ducados que la Serenissima le pagase por su esfuerzo. Los Landzknecht habían marchado mucho tiempo atrás, y el joven sintió que sus caminos se separaban, finalmente. Él no podía volver a Aragón, ni siquiera a aquel nuevo Aragón que se estaba gestando, y decidió encaminar sus pasos a la Corona que le vió nacer.

Castilla y León, bajo el Reinado de Ximena IEditar

A su llegada, el joven Astaroth encontró una Castilla desolada por una guerra civil encubierta que enfrentaba a la Casa Real y sus partidarios con el Consejo de Gobernación. Habiendo de elegir, se encuadró rápidamente en el bando real, ingresando pronto en la Capilla Heráldica Real. Fue en esta institución en la que desempeñó su mayor labor. Desorganizada y practicamente arrasada tras la marcha de Arangil de Gormaz, que destruyó todos los documentos existentes, ni los esfuerzos de Mgm Quijada ni de Elena de Trastámara, Maestros de Armas sucesivos, habían sido capaces de devolver a la Capilla un normal funcionamiento. Aplicando sus conocimientos sobre la materia heráldica, puso todo su empeño en la recuperación de la Capilla Heráldica, en la que no tardó en alcanzar el rango de Vice Maestro de Armas. En este tiempo, Astaroth participó en la redacción de la Ley de Nobleza, más completa que las normativas existentes, que rige aún hoy a la nobleza castellano leonesa.

Entre tanto, la guerra alcanzaba nuevas cotas de tensión. Afincado en Aranda del Duero, el joven compaginó su labor como Heraldo con viajes pastorales a la ciudad de Valladolid, siempre olvidada por la Iglesia y, según sus propias palabras, con "todo aquello en lo que se pudiese echar una mano". Así llegó el año 1457.

El mes de Mayo de 1457 fue un mes inmensamente feliz para el joven. Una rápida incursión en Aragón, que le llevó a Huesca, terminó en una boda con Cyliam di Veneto. A su vuelta a Castilla, para asistir a una ceremonia de ennoblecimiento, se sorprendió cuando fue llamado a presentarse ante el Secretario Real, que obraba en ausencia de los Reyes. Ese día, se le invistió como Señor de Valdecorneja, pasando así a formar parte de la nobleza castellano-leonesa. También recibió, en estos tiempos, el cargo de Archidiácono de Segovia, de manos de Luis Manuel Gandul de Luna, Obispo de la citada diócesis.

Antes del verano de aquel año, no obstante, estalló el conflicto entre Elena de Trastámara, que había sido investida Condesa de Alba en la misma ceremonia que Astaroth, y él mismo. Sus feudos, fronterizos, tenían una gran rivalidad, y el orgullo de ambos les impidió ver que eran títeres de los últimos restos de la familia que había controlado aquel lugar y que, ansiosos por deshacerse de ellos, les precipitaron a un conflicto armado. Aunque, en principio, la Condesa obtuvo ventaja, al avanzar hasta Almirón, la brutal confrontación bajo el Castillo de los Moros la detuvo, forzándola a volver a sus tierras. Ya con la iniciativa, Astaroth dirigió un ataque al corazón de su feudo, haciendo salir a la Condesa de su castillo, y derrotándola decisivamente en los campos ante la villa de Alba de Tormes. La derrota obligó a la Condesa a capitular, restableciendo la paz en la zona, pero los responsables de que estallase el conflicto pudieron escapar.

A medida que avanzaba el verano, los rumores acerca de una Guerra Santa contra el Principat de Catalunya se solapaban con el incremento de la tensión en Castilla. Sucesivos Consejos se pronunciaban, cada vez más radicalmente, contra la Corona. Finalmente, ambas circunstancias estallaron, casi al unísono: Froda de Olivares, Gobernadora de Castilla promulgó una Ley que desterraba a los Reyes y su gente, y la Curia declaraba una Guerra Santa contra Catalunya. Considerándolo una señal, Ximena de Trastámara, Reina de Castilla y León, se puso al frente de su gente, junto a quienes Astaroth y Elena, capitanes cruzados de la Diócesis de Osma, habían logrado reclutar, dirigiéndose hacia Catalunya. A pesar de los ruegos de los capitanes aragoneses, envueltos en una guerra contra Catalunya derivada de un conflicto preexistente con la villa de Caspe, los castellano leoneses se dirigieron al paso de Canfranc, al norte de Jaca, recorriendo los Pirineos por su cara norte, hasta llegar al Languedoc, con la intención de entrar en Catalunya por Girona. El nulo apoyo de la iglesia languedociana y las constantes disputas entre los capitanes cruzados de los tres frentes abiertos impidieron a los cruzados aprovechar la ventaja que habían ganado con la toma de Tortosa. En Girona, dos ejércitos almogàvers, aprovechando las circunstancias adversas, batieron al ejército castellano, obligandole a retirarse. Astaroth se salvó de una muerte segura sólo por encontrarse a su lado la Condesa de Bailén, a quién empujó deliberadamente hacia las espadas catalanas, permitiendole salvar la vida.

Caídos los capitanes, quedó en manos de Astaroth dirigir el ejército castellano de vuelta al Languedoc, comenzando en ese momento las negociaciones con las autoridades catalanas. Estas culminaron con la capitulación honorable de los castellanos, a los que se les concedió paso franco para regresar a su tierra.

Su llegada a Castilla fue fría. Volvían de una guerra, de un exilio, y se encontraron de nuevo con la guerra civil soterrada. Astaroth, por su parte, comenzó las maniobras que llevaba tiempo planeando, con una única vocación: provocar la caída de la Casa de Ribadeo. También consiguió en este tiempo la reforma del Estatuto de la Capilla Heráldica, que comenzó a aplicarse, aunque habría de esperar aún para ver la luz. Sin embargo, la desgracia le golpeó antes de finalizar el año. Ximena de Trastámara anunció la instauración de una monarquía electiva y, poco después, murió, como también lo hizo su esposo, Lope Díaz de Haro, Señor de Vizcaya. Como única candidata, se presentó Elena de Trastámara, Condesa de Alba y prima de la Reina, que sería elegida a la postre como Elena I de Castilla. Apartaron estos acontecimientos a Astaroth de sus maquinaciones contra Ribadeo temporalmente, obligándole a perder un tiempo precioso que dió tiempo al Conde paraestar mejor preparado.

Castilla y León, bajo el Reinado de Elena IEditar

Tras la proclamación de Elena de Trastámara como Reina, Astaroth fue elegido Maestro de Armas de la Capilla Heráldica. Una de sus primeras medidas fue la creación de la Ley de Pares, que tenía por vocación el reconocimiento de los consejeros de la Reina. Tras una visita diplomática a Aragón, el joven fue el primer distinguido con la condición de Par de Castilla y León.

A diferencia de su predecesora, Elena sí gozó del favor de la práctica totalidad de los castellanos. Cuando su reinado estuvo apuntalado, el da Lúa volvió su mirada de nuevo en Ribadeo. Gracias a su puesto en la Capilla, reunió información suficiente como para lanzar una acusación contra el Conde ante la Reina, que le permitió atacar con respaldo oficial. En Ribadeo, el joven perdió un ojo, y tuvo que escapar, auxiliado por una nave bretona. Desde Gijón, donde recalaron, se organizó la campaña militar contra Ribadeo. A pesar de la traición del Adelantado Mayor de Asturias, que a punto estuvo de costarle la vida a la Reina, Ribadeo terminó por caer en manos del Ejército Real. Astaroth, investido como Marqués de Gondomar y las Islas justo antes del ataque, tuvo la satisfacción de ver muerto al Conde, y presa a su esposa, la Señora de Noia, que desapareció tras la toma de la ciudad.

Ya como Marqués, una de sus primeras medidas fue la investidura de Luis Manuel Gandul de Luna, antiguo Obispo de Lleida y de Segovia, como Hidalgo, por las atribuciones que le daba la Ley de Nobleza, cediéndole la villa de Baiona en usufructo.

A pesar de la alegría, no faltaban los problemas. Su matrimonio con Cyliam di Veneto hacía aguas, y no fueron pocas las voces que le recomendaron pedir el divorcio. Sin embargo, orgulloso como era, el Marqués se negó a hacerlo hasta que se acallaron. En estos días, se le atribuye, sin llegar a confirmarse, un romance con la Reina Elena, a la que siempre se sintió muy unido el joven Astaroth. Elena siempre le demostró su confianza, escuchando sus consejos, y nombrandole, incluso, copero real, puesto que desempeñó durante la mayor parte del reinado.

Antes del verano, dio fin, de mutuo acuerdo con Cyliam, al matrimonio que les unía, justo antes de las Justas Reales que, con trasfondo religioso, se organizaron en Toledo. Durante este torneo, en el que el equipo Aristotélico quedó en segundo lugar,y el Marqués derribó a la Condesa de Bailén, escribiendo una página más del libro de cuentas que tenían pendientes, conoció a una joven baronesa bretona, de nombre Blanche de Walsh-Serrant, que había acudido como parte del séquito de la reina Beatriz de Francia. Pronto nació una sincera amistad y atracción entre los jóvenes que, al despedirse, se prometieron mantener el contacto.

El verano estuvo teñido de dolor para el joven. Ya la muerte en primavera de Molinieri Albanese, Rey consorte y antiguo capitán lansquenete de Astaroth, le había ensombrecido el ánimo, pero nada fue, comparado con lo que había por llegar. Uno de los Álvarez de Toledo, caídos en desgracia en los feudos que antaño poseyesen, intentó asesinar a la Reina y, a la postre, le provocó la pérdida del hijo que esperaba. A pesar de los esfuerzos del Marqués, el hombre consiguió ponerse a salvo en el feudo del Puente del Congosto, donde no podía entrar sin autorización real. Esto provocó en Elena un ataque de ira, al que Astaroth no fue insensible. Como resultado, el joven noble se retiró a sus tierras de Gondomar, abandonando su cargo de Copero Real. Poco había de sospechar que aquel sería su mayor error pues, poco después, la propia Elena falleció, envenenada por su propio copero. No faltó quien señaló al propio Astaroth, al heredero, William Wetminster o, incluso, a la familia de la reina. No obstante, el crimen nunca fue aclarado, y la sumaria muerte del copero que ejecutase la acción impidió cualquier tipo de interrogatorio.

A pesar de que la última vez que se viesen, el encuentro fuese tenso, y cargado de rencor, Astaroth, que fue el primer hombre en doblar ante ella su rodilla, nunca dejó de querer a su reina, como atestiguan los recuerdos de ella aún mantiene (un enorme retrato a tamaño natural, las banderas capturadas a su gente en verano de 1458 y un anillo que muestra en su mano).</span></p>

Castilla y León, bajo el Reinado de William IEditar

El final del verano trajo la elección del Conde de Noreña, William I, como Rey de Castilla y León. El Marqués asumió, con el nuevo Rey, el cargo de Secretario Real, con el título aparejado de Conde de Palacio, en el que sucedió a la Marquesa de Santillana. Pronto se percató de que el puesto no era para él, y su salud se resintió. Durante estos meses, sólo la amistad con Blanche conseguía mantener alto su ánimo. Fue esta la razón de que, en una de sus visitas a Gondomar, la bretona fuese sorprendida por una proposición de matrimonio que aceptó.

El rey, que era un hombre enérgico, vio pronto resentida su salud. Sus ausencias se alargaron, obligando al Marqués a asumir en dos ocasiones las funciones reales. La crisis demográfica y económica que padecía Castilla le impidieron materializar su intención de formar un cuerpo de voluntarios que se dirigiesen al norte, a la guerra que sostenían Francia y la Alianza del Ponant, a fin de respetar el tratado que las coronas castellana y francesa firmasen al final del reinado de las reinas Elena y Beatriz. Tampoco consiguió materializar los acuerdos que pretendía para crear un cerrojo sobre el vecino Reino de Aragón, que salvaguardasen Castilla de sus conflictivos vecinos. Los continuos ataques de piratas y salteadores forzaron, no obstante, a una continua y frenética actividad del Ejército Real, compuesto mayoritariamente por la nobleza y las tropas voluntarias de la Orden del Cuervo Rojo.

Al tiempo, una conjura de nobles, convocada por el Marqués, comenzó a operar. Su intención era mantener al Príncipe alejado de Toledo, y situar a un candidato afín en el trono a la muerte del rey, manteniendo hasta entonces al Secretario Real el la regencia. Ricardo Wetminster, Príncipe de Asturias, se había retirado a un monasterio, pero ninguna precaución le parecía suficiente a Astaroth.

En medio de estos altercados, la enfermedad que atacaba al rey William culminó su trabajo, arrebatándole la vida. Más aliviado por dejar su cargo que entristecido por la muerte del monarca, el joven asumió por última vez la regencia hasta la elección del nuevo monarca. Aprovechando el interregno, contrajo matrimonio con Blanche en una pequeña y discreta ceremonia, en la Capilla de Santa Kyrene del Buen Regreso, en la Isla de Arousa. El anterior rey había vetado aquel matrimonio, sin que estén muy claros los motivos, aunque pudiera deberse a que el matrimonio de un noble castellano con una bretona podía poner en tela de juicio el tratado de amistad con Francia, por lo que el joven decidió no dar oportunidad al nuevo rey de oponerse a la unión.

La muerte de William I de Castilla está rodeada de misterio. La versión oficial es que murió de una terrible enfermedad, pero los rumores de asesinato también han corrido a lo largo de la Corona.</p>

Castilla y León, bajo el Reinado de Carolum IEditar

El elegido para suceder a William I fue Carolum Borja. Conde de Alba y primo de la reina Elena, era Cardenal de la Iglesia Aristotélica. A pesar de la sorpresa de su anuncio, no esperado por el resto de conjurados, Astaroth lo dejó pasar, y le dio su apoyo. Dejó así la Secretaría Real, reintegrándose en la Capilla Heráldica, donde fue reelegido como Maestro de Armas.

Los primeros días de 1460 se caracterizaron por la tensión imperante entre el Consejo del Reino y las fuerzas reales, a propósito de un grupo de bandidos que habían hecho de Castilla su terreno de actuación. Pretendiendo su salida inmediata, el Gobernador les dió paso franco hacia Portugal, pero el ejército dirigido por el Señor de Amusco les negó el paso, apoyado por otros nobles y personajes de relevancia. Portugal era una Corona amiga, amén de un fondo de saco del que sólo saldrían a través de la Corona, y se negaron a dar paso a los salteadores hacia ella.

La espada de CaedesEditar

Si hay una historia que defina bien a Astaroth, esta es la aventura de la espada de Caedes. Caedes della Francesca, Duque de Champaña, fue uno de los líderes de la revuelta conocida como "la Fronde", que enfrentó a los rebeldes contra el Rey de Francia, Lèvan III, al que acusaban de haber asesinado a su padre. La Fronde fue derrotada, finalmente, y Caedes murió en prisión.

Tiempo después, Jehan de Vopilhat, entonces Barón de Malpertuis, que había sido miembro de la Fronde antes de recuperar el título familiar de Condes de Urgell, viajó a Francia, abandonando la Corona de Aragón donde residía, para hallar a Hauteclaire, la espada de Caedes. Se ignora mucho acerca de este viaje, pero sí se sabe que volvió a Aragón con la espada, y una herida que, a la postre, le hizo perder la mano. Su intención parecía ser restituirla a los herederos de Caedes, pero la muerte le llegó antes de tiempo, asesinado por agentes de lealtad desconocida. Legó la espada y la tarea a su hijo, Reginhart, Rey de Aragón. Sin embargo, Reginhart, aún muchacho, y retirado a causa de una enfermedad, nunca llegó a leer el testamento de su padre, al morir antes de tenerla en su poder. Hauteclaire, como muchas posesiones del Conde, quedaron en el Palacio de la Aljafería, donde la Casa Berasategui, sucesora de los Urgell en los tronos de Aragón y València, no le prestó la menor atención.

En 1458, no obstante, el joven Astaroth escuchó la historia de la espada. Sus investigaciones le dieron un esbozo de la historia, y se decidió a actuar. Él había sido un fiel admirador de la figura del Conde, del que tenía una visión casi literaria, del hombre atormentado por el destino, pero que se impone a este. Auxiliado por Ibrahim ibn Raschid y por un grupo de agentes bretones, encabezados por Louis de la Flèche, Astaroth intentó hacerse con la espada por medios legales y, al no conseguirlo, pagó su robo. Con la espada ya en sus manos, huyó de Zaragoza hacia el sur, siendo alcanzado en Calatayud por sus perseguidores. Consiguió evadirse, no obstante, hasta Castilla, quedando así la espada en su poder.

No tan fácil le fue hallar un descendiente de Caedes. El apellido del Duque parecía haberse desvanecido de la faz de la tierra. Quiso el azar, no obstante, que reconociese las armas del difunto Duque entre las de una dama francesa, Clèmence de l'Epine, Marquesa de Nemours, amiga de su esposa Blanche y prometida al antiguo amante de esta, Aimbaud. Una rápida investigación le convenció de que se hallaba ante una nieta del famoso Caedes, decidiendo entregarle la espada como regalo de bodas, y completando de este modo el trabajo que no pudo completar el Conde de Urgell.

La Guardia VenecianaEditar

La Guardia Veneciana es el cuerpo de guardia de la Casa da Lúa-Gondomar, y espina dorsal de sus huestes. Fue creada por Astaroth tras comentar, entre risas, que si los reyes podían ser excéntricos con sus guardias, él no iba a ser menos. Sin embargo, la excentricidad de la Guardia no sustituye su efectividad, y tras la burla, hay una estrategia marcada.

El nombre de la Guardia viene de que todos ellos, mientras realizan su servicio, subren sus rostros con máscaras venecianas de pico. La razón de este uso es práctica, la esgrima basa mucha de su técnica en la expresión del otro. Las máscaras protegen la expresión facial de los guardias, y les dan un aspecto inquietante que desconcierta a sus rivales. Estas máscaras y los uniformes negros que portan, acordes al pendón del Marqués, les han valido el sobrenombre de corvos en el feudo de Gondomar.

El actual Capitán de la Guardia Veneciana es Luix de Berasategui y Pern, que vive exiliado en Castilla bajo la protección del Marqués.

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